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miércoles, junio 10, 2009

Escudé tuvo una visión


Parte de lo que habla Escudé hoy es lo que los sociólogos, con Ulrich Beck a la cabeza, denominan sociedad de riesgo. La contaminación y los arsenales nucleares, en combinación con otros factores de riesgo, hacen peligrar toda la existencia humana. Eso sí, si en algo no coincidirían estos sociólogos con Escudé es respeto a todas las referencias místicas. ¿Cómo puede ser que Escudé, quien nos representa a los agnósticos en Creencias, dé entidad alguna al contenido predictivo de las profecías? Traerlas a colación sirve como constatación de que en otras épocas ya existía la idea de la finitud temporal del mundo, del juicio final, etc. La tradición abrahamica siempre habló de apocalipsis (la escatología), pero ¿qué necesidad hay de tomarse en serio sus profecías?. Lo entendería en Carrio, no en Escudé, quien "la va" de racionalista. Cuando estas fueron postuladas, poco o ninguno de los actuales factores de riesgo existían, como Escudé mismo reconoce ("Cuando el hábitat humano parecía infinito e inacabable, había escasas razones para suponer un fin de los día"). La apelación a la escatología religiosa, ¿enriquece su punto o le quita seriedad?.

viernes, junio 13, 2008

Una nueva civilización

De Escudé se puede decir cualquier cosa: que es judío (no lo es); que es masón (lo es), que es menemista (lo era), que lo compró el gobierno (no lo sé), pero nunca que sus ideas no estimulan el pensamiento. Hoy en La Nación desgaja un cacho de "Occidente", lo independiza y forma con él una nueva civilización, la latinoamericana. ¿Sus límites? No los precisa; a veces habla como si al norte terminara en el Rio grande, y a veces sólo se maneja en términos de MercoSur. Esta civilización tiene dos características reunidas en una oración: "Es la más pacífica de las grandes regiones del planeta, pero su concentración del ingreso es la mayor del orbe." Medido por la baja cantidad de conflictos armados, latinoamérica es exitosa. Medido por el bienestar de su gente, no.
En conclusión
Con sus luces y sombras, nuestra novísima civilización es un actor relativamente benigno de la comunidad global. El bicentenario de su nacimiento se aproxima. Sin renunciar a la corrección de sus imperfecciones históricas, es hora de rendir tributo a su grandeza.


Veremos si Escudé amplía las ideas en algún trabajo o más artículos.

jueves, mayo 15, 2008

¿Patria no Colonia sí?

La nota de Escudé de ayer da para pensar. A partir de la teoría del realismo periférico, traza un parangón entre la relación de Melos con Atenas y la de EEUU con Argentina, de rebeldía en un principio, y de subordinación después, en las que fueron mejor conocidas como relaciones carnales.
Creo que como país pequeño, se debe estudiar cuidadosamente qué ofrece el hegemónico, qué se gana y se pierde con la aceptación -de seguro pura y simple- y qué se gana y se pierde con el rechazo. A veces resistir en pos de la vigencia plena de la soberanía sólo trae perjuicios en la forma de invasión o aislamiento, y ahí es donde se hace necesario apaciguar (appeasear) al país hegemónico, al menos un rato (como hizo Saddam Hussein a lo último, cuando ya era tarde). En situaciones más extremas, en las que de todos modos sobrevendrá inevitablemente la subyugación y destrucción, llama el deber de hacer caso a aquél refran de mejor morir de pie que vivir arrodillado. Así es como los griegos dejaron de apaciguar a los persas, y con valentía y golpes de suerte, consiguieron salvar a su patria en las guerras médicas. Lo misma fortuna tuvieron los japoneses frente a los mongoles, y si bien Escudé recuerda el legado de los poco patrióticos Jeremías y Ben Zakar, cierto es que los casi mil mártires de Massada ocupan un lugar de privilegio en el panteón de los heroes que prefirieron morir a agachar la cabeza. Sensación similar les puede evocar hoy a los japoneses una película como Letters from Iwo Jima, donde pueden ver a fanáticos inmolándose por una roca volcánica condenada a la perdición, o pueden ver la defensa de su tierra sagrada y ancestral. A lo mejor si los atenienses dieran una segunda oportunidad a los melienses o en su defecto a los sobrevivientes, éstos volverían a elegir la menos racional pero más digna y honorable de las opciones.
La pregunta clave desde un realismo periférico es si hoy -no en las Guerras médicas- vale la pena el honor y la dignidad en la defensa de la soberanía a ultranza. Como dije, no tengo una respuesta universal y creo que cada pueblo debería forjar su destino. La denostada política de las relaciones carnales implicó un sinceramiento: el de reconocer que ya no podíamos aspirar seriamente a ocupar el papel de potencia global ni regional, mal que le pese a Pino Solanas y demás nazionalistas. Como cachorros del Imperio sólo nos queda disfrutar de los beneficios (como dice Escudé, Argentina es un país pacifista) y no amargarnos tanto por los costos, en definitiva menores que en caso de haber mantenido la tesitura anterior cuyo rasgo último fue el ataque desesperado al segundo miembro de la OTAN y el acercamiento a la URSS, Irán, Iraq y Libia.

lunes, abril 14, 2008

Por las barbas de Escudé

Muy políticamente incorrecto y provocativo Escudé, como siempre. Señala que Benedicto XVI al volver a introducir misales antisemitas, lo que está haciendo es darle uso a la libertad de modificar los dogmas, con los que trata de captar nuevos conversos voluntarios (ya no forzados ni asesinados, como en la Inquisición). Del otro lado, el que renuncia o incita a la renuncia del Islam es tildado de apóstata y se lo condena a muerte. La conversión de Magdi Allam, así como la cita de Ratisbona, deben entenderse como la actitud de un Papa que como jefe de la Iglesia de ningún modo ha renunciado a hacer proselitismo, y que no se amilana frente a los dogmas de otras religiones.