Parte de lo que habla Escudé hoy es lo que los sociólogos, con Ulrich Beck a la cabeza, denominan sociedad de riesgo. La contaminación y los arsenales nucleares, en combinación con otros factores de riesgo, hacen peligrar toda la existencia humana. Eso sí, si en algo no coincidirían estos sociólogos con Escudé es respeto a todas las referencias místicas. ¿Cómo puede ser que Escudé, quien nos representa a los agnósticos en Creencias, dé entidad alguna al contenido predictivo de las profecías? Traerlas a colación sirve como constatación de que en otras épocas ya existía la idea de la finitud temporal del mundo, del juicio final, etc. La tradición abrahamica siempre habló de apocalipsis (la escatología), pero ¿qué necesidad hay de tomarse en serio sus profecías?. Lo entendería en Carrio, no en Escudé, quien "la va" de racionalista. Cuando estas fueron postuladas, poco o ninguno de los actuales factores de riesgo existían, como Escudé mismo reconoce ("Cuando el hábitat humano parecía infinito e inacabable, había escasas razones para suponer un fin de los día"). La apelación a la escatología religiosa, ¿enriquece su punto o le quita seriedad?.
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miércoles, junio 10, 2009
Escudé tuvo una visión
Parte de lo que habla Escudé hoy es lo que los sociólogos, con Ulrich Beck a la cabeza, denominan sociedad de riesgo. La contaminación y los arsenales nucleares, en combinación con otros factores de riesgo, hacen peligrar toda la existencia humana. Eso sí, si en algo no coincidirían estos sociólogos con Escudé es respeto a todas las referencias místicas. ¿Cómo puede ser que Escudé, quien nos representa a los agnósticos en Creencias, dé entidad alguna al contenido predictivo de las profecías? Traerlas a colación sirve como constatación de que en otras épocas ya existía la idea de la finitud temporal del mundo, del juicio final, etc. La tradición abrahamica siempre habló de apocalipsis (la escatología), pero ¿qué necesidad hay de tomarse en serio sus profecías?. Lo entendería en Carrio, no en Escudé, quien "la va" de racionalista. Cuando estas fueron postuladas, poco o ninguno de los actuales factores de riesgo existían, como Escudé mismo reconoce ("Cuando el hábitat humano parecía infinito e inacabable, había escasas razones para suponer un fin de los día"). La apelación a la escatología religiosa, ¿enriquece su punto o le quita seriedad?.
domingo, noviembre 25, 2007
Introduciendo a Barnett y repasando el caso de Japón
Hay un pensamiento nuevo que no puede pasar desapercibido. Extrayéndolas de The Pentagon's New Map. War and Peace in the XXI Century, Agustín está transmitiendo las, podemos decir, revolucionarias ideas de Thomas Barnett, por cuanto describen con originalidad un fenómeno revolucionario. Agustín y Barnett nos acercan al conocimiento y comprensión del mundo actual y venidero, mayormente interconectado a través de redes digitales, que autorizan a hablar con propiedad de una tercera globalización desde una perspectiva mucho más novedosa y sistemática, superadora del risueño fin de la historia de Fukuyama o el sombrío choque de civilizaciones de Huntington.
Como, merced a la red en la que estamos inmersos, lo mejor que podía hacer ya lo hice, esto es, pasar con rapidez unos pocos bits de información con el enlace una teoría invalorable en bits y bytes, ahora me permito algún divague vagamente relacionado, echando mano a uno de mis libritos de cabecera. En Milagros económicos (1995), Alain Peyrefitte analiza 4 casos de estudio: el milagro holandés -y los rasgos de la mentalidad económica holandesa-, el milagro inglés -y el ethos del comerciante británico-, el milagro norteamericano -y la invención de un país o el país de la invención- y el milagro japonés -y los animadores de Japón-. Tomando las ideas-fuerza y algunas citas de lujo, a este último caso nos abocaremos sucintamente. Destaca, ante todo, la capacidad japonesa de imitar todo lo que funciona. Creo que no vivió para verla, pero Peyrefitte hubiera elogiado la película El último Samurai. Quien evoque el recuerdo de esta auténtica fotografía de la era Meiji comprenderá más gráficamente lo apuntado a continuación.
En 1853 el comodoro Perry fuerza la entrada a la bahía de Tokio, desembarca a sus marines e intima al gobierno de un Japón todavía feudal y agrario a abrirse al comercio internacional. Al regresar seis meses después, Perry recibe la respuesta afirmativa, volcada al tratado de Kanagawa -"de paz y amistad"- , en el cual consigue el acceso de barcos norteamericanos a dos puertos. Enseguida Japón firma más de estos "tratados desiguales" con países europeos: primero Gran Bretaña, luego Rusia, y seguirán Francia, Prusia y Holanda dentro del lustro, además de renovados acuerdos con EEUU y Gran Bretaña. A partir de 1858 Japón compraba armas norteamericanas. La resistencia a ampliar los tratados, o bien a cumplirlos, provocó no obstante la intervención y bombardeo en varios puertos por parte de europeos entre 1863 y 1865, en los últimos suspiros del shogunato.
"Entre los regalos ofrecidos por el Comodoro Perry figuraba un aparato eléctrico de telegrafía y un modelo reducido de ferrocarril, junto con los rieles necesarios para establecer un recorrido circular de 400 metros, una locomotora y un carro. El 7 de enero de 1870 se transmite el primer mensaje telegráfico entre Yokohama y Tokio. El 26 del mismo mes se inaugura la línea de telégrafo."
La imitación japonesa de todo lo extraño es selectiva y la adopción de una institución suele no revestir carácter definitivo, como se ve en la organización del ejército.
En 1869 (año de la apertura del canal de Suez y del primer ferrocarril transcontinental en EEUU) es adoptado el modelo del ejército francés asociado a la gloria de los Napoleón. Poco después ese ejército es derrotado en Sedán, pero no es hasta 1879 en que Japón tomará para sí el modelo prusiano.
Con el envío de estudiantes extramuros, el copiado casi exacto de la organización política, económica y social de países más avanzadas ayuda a componer un cuadro en donde Japón pasa a tener un
Los chinos, en cambio, convencidos de haber alcanzado de una vez por todas la perfección, tomaron con sumo rechazo la imposición de la apertura del comercio en Nanking en 1842 tras la derrota en la primera guerra del opio. Abiertos a la fuerza aunque todavía mentalmente cerrados, los chinos experimentaban un prodigioso complejo de superioridad, creyéndose el centro del mundo. China se encierra soberbia en su civilización. No quiere modificar su comportamiento, y como consecuencia deberá resignar riquezas y poder. Japón modifica la actitud tradicional y en el lapso de una generación produce una metamorfosis sobre cuya tracción vencerá a China, el gigante que con desprecio los llamaba "enanos".
En un apartado con el título de "No es posible vivir en el aislamiento", Peyrefitte recuerda como "el 17 de septiembre de 1894, en la desembocadura del Ya-lu, cruceros y acorazados producidos por modernas acerías y astilleros japoneses, tripulados por marinos y oficiales japoneses ciudadosamente entrenados conforme al modelo inglés y norteamericano, hunden o expulsan a la flota china, cuyos hombres carecían de entrenamiento, por decir lo menos. En realidad, se presencia el enfrentamiento entre la Edad Media y los tiempos modernos".
"En la víspera de la batalla, un mensajero inglés había entregado una misiva del almirante japonés Ito a su homólogo chino el almirante Ting, ex camarada y amigo transformado en adversario. Esta comunicación entre soldados aclara el notable contraste entre un Japón modernizado y una China petrificada. Es un documento que no puede permanecer ignorado:
"Después de la batalla el destinatario de la misiva se suicida, con el rostro vuelto respetuosamente hacia Pekín."
En 1904-05 Japón dará un verdadero batacazo al derrotar a otro gigante, Rusia. Absorto, el mundo empieza a mirar a Japón con asombro y temor a la vez. En 1914 la carta más segura para tutelar su ansia expansionista será jugar a favor de la triple entente, del lado de Gran Bretaña. La proyección desmedida sobre China, el sudeste asiático y Oceanía termina en desastre al chocar con EEUU. Entonces se recuperaría, celebrando en 1968 el centésimo aniversario de la era Meiji como el tercer grande, a la zaga de EEUU y la URSS, y el segundo grande en 1990, tras la implosión soviética.
Eso fue mediados de los 90´s. Desde ahí retoma Barnett.
Como, merced a la red en la que estamos inmersos, lo mejor que podía hacer ya lo hice, esto es, pasar con rapidez unos pocos bits de información con el enlace una teoría invalorable en bits y bytes, ahora me permito algún divague vagamente relacionado, echando mano a uno de mis libritos de cabecera. En Milagros económicos (1995), Alain Peyrefitte analiza 4 casos de estudio: el milagro holandés -y los rasgos de la mentalidad económica holandesa-, el milagro inglés -y el ethos del comerciante británico-, el milagro norteamericano -y la invención de un país o el país de la invención- y el milagro japonés -y los animadores de Japón-. Tomando las ideas-fuerza y algunas citas de lujo, a este último caso nos abocaremos sucintamente. Destaca, ante todo, la capacidad japonesa de imitar todo lo que funciona. Creo que no vivió para verla, pero Peyrefitte hubiera elogiado la película El último Samurai. Quien evoque el recuerdo de esta auténtica fotografía de la era Meiji comprenderá más gráficamente lo apuntado a continuación.
En 1853 el comodoro Perry fuerza la entrada a la bahía de Tokio, desembarca a sus marines e intima al gobierno de un Japón todavía feudal y agrario a abrirse al comercio internacional. Al regresar seis meses después, Perry recibe la respuesta afirmativa, volcada al tratado de Kanagawa -"de paz y amistad"- , en el cual consigue el acceso de barcos norteamericanos a dos puertos. Enseguida Japón firma más de estos "tratados desiguales" con países europeos: primero Gran Bretaña, luego Rusia, y seguirán Francia, Prusia y Holanda dentro del lustro, además de renovados acuerdos con EEUU y Gran Bretaña. A partir de 1858 Japón compraba armas norteamericanas. La resistencia a ampliar los tratados, o bien a cumplirlos, provocó no obstante la intervención y bombardeo en varios puertos por parte de europeos entre 1863 y 1865, en los últimos suspiros del shogunato.
"Entre los regalos ofrecidos por el Comodoro Perry figuraba un aparato eléctrico de telegrafía y un modelo reducido de ferrocarril, junto con los rieles necesarios para establecer un recorrido circular de 400 metros, una locomotora y un carro. El 7 de enero de 1870 se transmite el primer mensaje telegráfico entre Yokohama y Tokio. El 26 del mismo mes se inaugura la línea de telégrafo."
La imitación japonesa de todo lo extraño es selectiva y la adopción de una institución suele no revestir carácter definitivo, como se ve en la organización del ejército.
En 1869 (año de la apertura del canal de Suez y del primer ferrocarril transcontinental en EEUU) es adoptado el modelo del ejército francés asociado a la gloria de los Napoleón. Poco después ese ejército es derrotado en Sedán, pero no es hasta 1879 en que Japón tomará para sí el modelo prusiano.
Con el envío de estudiantes extramuros, el copiado casi exacto de la organización política, económica y social de países más avanzadas ayuda a componer un cuadro en donde Japón pasa a tener un
parlamento al estilo inglés, códigos civiles y penales de corte francés, así como la gendarmería; ejército prusiano. Aclimataron su modelo al presupuesto norteamericano, la relojería suiza, los rodamientos suecos, las barcazas noruegas, la óptica y el derecho comercial alemanes, la escuela primaria francesa, el gymnasium y la investigación alemana, los campus norteamericanos. Y sobre todo, luego de un período dirigista, estimularon la iniciativa privada, las empresas , los puertos, la Bolsa, los seguros y los bancos, siguiendo el modelo anglosajón.
Los chinos, en cambio, convencidos de haber alcanzado de una vez por todas la perfección, tomaron con sumo rechazo la imposición de la apertura del comercio en Nanking en 1842 tras la derrota en la primera guerra del opio. Abiertos a la fuerza aunque todavía mentalmente cerrados, los chinos experimentaban un prodigioso complejo de superioridad, creyéndose el centro del mundo. China se encierra soberbia en su civilización. No quiere modificar su comportamiento, y como consecuencia deberá resignar riquezas y poder. Japón modifica la actitud tradicional y en el lapso de una generación produce una metamorfosis sobre cuya tracción vencerá a China, el gigante que con desprecio los llamaba "enanos".
En un apartado con el título de "No es posible vivir en el aislamiento", Peyrefitte recuerda como "el 17 de septiembre de 1894, en la desembocadura del Ya-lu, cruceros y acorazados producidos por modernas acerías y astilleros japoneses, tripulados por marinos y oficiales japoneses ciudadosamente entrenados conforme al modelo inglés y norteamericano, hunden o expulsan a la flota china, cuyos hombres carecían de entrenamiento, por decir lo menos. En realidad, se presencia el enfrentamiento entre la Edad Media y los tiempos modernos".
"En la víspera de la batalla, un mensajero inglés había entregado una misiva del almirante japonés Ito a su homólogo chino el almirante Ting, ex camarada y amigo transformado en adversario. Esta comunicación entre soldados aclara el notable contraste entre un Japón modernizado y una China petrificada. Es un documento que no puede permanecer ignorado:
"La situación presente de vuestro país [...] resulta de un sistema. Por ejemplo, designáis a un hombre para cumplir una función sobre la base exclusiva de su erudición; es, por cierto, una costumbre milenaria. Es indudable que el sistema funcionó mientras vuestra nación estuvo aislada, pero hoy ha fenecido. Ante las veloces mutaciones del mundo ya no es posible vivir en el aislamiento".
"Conoceís perfectamente las penosas condiciones del imperio japonés hasta hace treinta años, y cómo nos hemos dedicado a eliminar las condiciones adversas rechazando el viejo sistema y adpotando el nuevo. Vuestra patria también debe aceptar esta nueva manera de vivir. Si lo hace, todo funcionará bien. Si no, sólo puede derrumbarse."
"Quien desea servir a su país con lealtad no debe aeptar el verse arrastrado por la gran marea que amenaza. Sería mejor que reformara al imperio más antiguo del planeta, que posee una historia gloriosa y un territorio inmenso, tornándolo inexpugnable para siempre."
"Venid por lo tanto a mi país, para aguardar el momento en que vuestra patria os llame para emprender las reformas".
"Después de la batalla el destinatario de la misiva se suicida, con el rostro vuelto respetuosamente hacia Pekín."
En 1904-05 Japón dará un verdadero batacazo al derrotar a otro gigante, Rusia. Absorto, el mundo empieza a mirar a Japón con asombro y temor a la vez. En 1914 la carta más segura para tutelar su ansia expansionista será jugar a favor de la triple entente, del lado de Gran Bretaña. La proyección desmedida sobre China, el sudeste asiático y Oceanía termina en desastre al chocar con EEUU. Entonces se recuperaría, celebrando en 1968 el centésimo aniversario de la era Meiji como el tercer grande, a la zaga de EEUU y la URSS, y el segundo grande en 1990, tras la implosión soviética.
En el 1994 su producción industrial equivalía a la de Francia y Alemania juntas. Más impresionantemente aún, era igual a la de todos los demás países de Asia, incluídos China y la Siberia ex soviética. Es el primer fabricante mundial de automóviles, motocicletas, ciclomotores, navíos mercantes, máquinas-herramienta, máquinas de coser, aparatos fotográficos, cámaras (de televisión, de cine o para aficionados), microscopios, semicondoctures, electrónica para el gran público (equipos de sonido, televisores, transistores), climatizadores, fotocopiadores, etc. De las doscientas empresas más grandes del mundo (excluyendo a Estados Unidos), 45 son japonesas. Más del 70% de los capitales importados a Estados Unidos proviene de Japón. Su balanza de pagos arroja un balance favorable de US$ 145 mil millones, cuando la de EEUU presenta un déficit de US% 173 mil millones. Mientras Norteamérica se endeuda, Japón acumula excedentes. En un siglo se ha transformado en un verdadero laboratorio del crecimiento.
Eso fue mediados de los 90´s. Desde ahí retoma Barnett.
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Thomas Barnett
domingo, febrero 11, 2007
Enfoques
A no apresurarse en desestimar la eficiencia del desorden, o como lo llamaría Hayek, el (des)orden espontáneo. El desorden permite ver las cosas de otra manera y ahorrar tiempo. Esa es la tesis, algo obvia, con la que Eric Abrahmson dejó boquiabiertos a los lectores de La Nación hoy domingo.
La nota que sigue ya no es nada obvia y en realidad es bastante informativa, pero...¿Cómo presentarla bien? No lo se, no quiero decir alguna burrada, y no quiero privar a los que no leen La Nación y tienen algún grado de curiosidad de leerla. Como una imagen habla por más de 1000 palabras, dejemos que la incluida el diario haga de link a la nota (que tiene 2400 palabras).
Una lástima que por ser la pieza de The Economist y después de hacer un recorrido por las comunidades de EEUU, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Israel y Rusia, no hubiera un apartado para latinoamerica.
La nota que sigue ya no es nada obvia y en realidad es bastante informativa, pero...¿Cómo presentarla bien? No lo se, no quiero decir alguna burrada, y no quiero privar a los que no leen La Nación y tienen algún grado de curiosidad de leerla. Como una imagen habla por más de 1000 palabras, dejemos que la incluida el diario haga de link a la nota (que tiene 2400 palabras).
Una lástima que por ser la pieza de The Economist y después de hacer un recorrido por las comunidades de EEUU, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Israel y Rusia, no hubiera un apartado para latinoamerica.
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