viernes, septiembre 18, 2009
El atroz encanto de ser de derecha
Antes de vaticinar el armagedón, Aguinis hace una referencia histórica y califica de "estúpido apaciguador" a Chamberlain. Lo primero puede ser, pero ¿apaciguador? Quizás algún dia Chamberlain sea reivindicado como quien lejos de perder tiempo, más bien lo ganó para una debilitada Gran Bretaña necesitada de rearme y alianzas. Los sacrificios de 1938-40, el antúltimo de ellos Noruega (que le vale la renuncia a Chamberlain), y finalmente Francia y Paises bajos, podrían ser vistos como intentos de retrasar a Alemania, mientras Gran Bretaña se aprestaba para la defensa nacional, como paso previo a acudir desesperadamente a EEUU y la URSS, con mucha cuota de oportunidad. Ésto último + la caída de Francia/Paises bajos corre ya por cuenta del gobierno de Churchill. Y es que la guerra ganada por Gran Bretaña y sus aliados fue declarada por Chamberlain luego de concluir su programa de racionalización industrial en los años 30´s, aunque los anti-appeasers se empeñen en ilustrar a Churchill como el único que se plantó a Alemania.
Aguinis habla de los antecedentes de la WW2 porque entiende sus lecciones aplicables analógicamente al caso de Irán. Sin embargo, como ya se dijo, las situaciones son distintas en cuanto a la motivación dilatoria de la política exterior de Gran bretaña en 1938, cuando todavía no estaba lista para la guerra, y ahora, que sí lo está, con más y poderosos aliados. De hecho ella misma es un aliado menor.
Por otra parte acusa a Irán de liderar un "eje islamofascista internacional". Sé que el nombre es lo de menos, pero en este caso se justifica la puntillosidad en preguntar el porqué del reemplazo del viejo denominativo. ¿Irán no estaba acaso en el eje del mal? Quien acuñó o se hizo famoso por denunciar y amenazar a ese eje bajo dicho rótulo tampoco era ajeno al uso de la expresión 'islamofascista'. O sea, por patético dejamos de usar un bushismo, pero su lugar lo sustituímos por otro tan bushista como patético. El eje del mal, aunque sonaba maniqueo, respetaba más la identidad multicultural de sus integrantes. No importaba si Corea del norte, Irán, Iraq, Venezuela, etc. eran islámicos y fascistas, sino si eran malvados. Ahora con el eje islamofascista deja de importar si son malvados, para pasar a tener relevancia el carácter islámico y fascista, elementos, al menos el primero, difíciles de encontrar en Venezuela, el supuesto aliado de hierro de Irán.
No digo que la advertencia de Aguinis no pueda tener razón. En cierta medida comparto el recelo por el programa nuclear iraní. Prefiero que nadie tenga bombas, pero como primero reconocen sus tenedores, esto ya no va a ser así. Tampoco lo voy a responsabilizar a Aguinis de crear la analogía Alemania-Irán; sabemos que él no la inventó. La falacia ad-hitlerum reune adherentes en todas las épocas y lugares, tanto como que tener bigote es ser fascista, y si se le agrega barba, islamofascista.
Con similcadencia diremos que a este aprovechador ex-progresista solo le podemos reprochar su réproba y oprobiosa propalación de propaganda derechista. No es la primera vez que lo hace de forma tan indisimulada en La nación. Ni si quiera debe ser la décima; es más, perdí la cuenta.
Acá algo debemos decir del diario, pues nadie ha estado tan dispuesto a publicarle cualquier panfleto. Ya que estos auténticos socios ahora sacan una colección con la obra literaria, ensayística y panfletaria de Aguinis -incluyendo una biografía suya (!)-, ¿por qué no recopilan todos los artículos de los últimos 2 o 3 años en un tomo? Joaquím Morales Solá lo hizo, aún sin el auspicio explícito del diario. Podrían llamarlo El atroz encanto de ser de derecha 3: ahora con más Kirchner, Irán y Hitler que nunca. Lo bueno es que, a diferencia de las columnas de Joaquím Morales Solá, no se desactualizaría nunca. La unión metáforica y atemporal entre Kirchner, Hitler e Irán es actual y está más vigente que nunca. Ya está integrada al perenne patrimonio cultural occidental, tanto como las recurrentes fábulas y apólogos grecorromanos presentes en las columnas de Mariano Grondona. Eso sí, en la contratapa deberán aclarar: "posible edición definitiva sin reedición ni reimpresión, debido a causas fortuitas relacionadas con el fin del mundo".
¿Quiénes son entonces los cómplices de buena conciencia?
lunes, octubre 01, 2007
Otra clave para el enigma de Irán
No ha habido avances ostensibles en llegar a una la solución que concilie todos los intereses en pugna ni han sido desistidas las pretensiones encontradas: por un lado el desarrollo nuclear independiente por parte de Irán de alegada finalidad pacífica, y por el otro la incompatibilidad del mismo con la paz y seguridad internacionales, sobre todo de la región. Desde las partes involucradas hay señales para todo, como la tensa negociación de Irán en el marco de la IAEA o el proyectado retiro de tropas norteamericanas en Iraq ante el mejoramiento de la situación en ese país en lo que a atentados respecta.
No dejan de haber, empero, señales indicativas de una posible confrontación bélica producto de la contumacia iraní cuando, seguiendo adelante con el plan nuclear, éste y sus aliados compran armamento, refuerzan los sistemas de defensa antiaéreos y EEUU incrementa la presencia naval en el golfo pérsico, al tiempo que una incursión aérea israelí en Siria da presuntamente con material nuclear originario de Corea del norte.
En este contexto, si una pregunta desvela a los analistas es acerca de cuando se va producir un ataque y si acaso será capaz de zanjar satisfactoriamente la disputa. Al depender la última cuestión del tipo y escala del enfrentamiento adoptado, en el análisis previo no pueden pasarse por alto las distintas estrategias al alcance de los planificadores militares.
La pregunta sobre si será desplegado armamento convencional o nuclear es táctica, pero por la implicancia política termina siendo estratégica. Aunque se escuche cada vez con mayor resonancia la posibilidad de que EEUU o sus aliados usen armas atómicas, es de prever que sean lo suficientemente cuidadosos como para evitar la factible contradicción discursiva de atacar el desarrollo nuclear de un país con el mismo tipo de armas objeto de la disputa.
EEUU será mucho más cauteloso de no quedar tan expuesto ante las opiniones condenatorias en la comunidad internacional, algunas, inevitables, de carácter estructural -antiamericanismo y rivalidad-, y otras por fallas intrínsecas en la exposición de motivos, como ha sido con respecto a la intervención de Iraq, motivo ésta de una catarata de críticas circunstanciales.
Otro intento de obtener mayor recepción internacional para una futura acción en Irán podría pasar por darle más tiempo, a diferencia del propiciado a Iraq, cuya invasión presurosa ha merecido los tildes de atolondrada y carente de consenso.
Como parte del proceso de tira y afloje con Irán posiblemente se le termine concediendo más tiempo del que gozó Iraq, cuando a partir de 2002 ocupó el centro de la escena en lo tocante a peligros internacionales de entidad tal como para creerse impostergable su resolución. Volviendo a Irán, mencionar un tiempo de gracia sin precisar su cuantía evoca una pregunta insoslayable: ¿Para quién corre el tiempo?. Entre los más desconfiados de la finalidad del programa nuclear iraní, la respuesta es sencilla. Cuánto antes se neutralicen las instalaciones, mejor. En ese orden de ideas, todo intento diplomático y toda concesión de tiempo que no consiga el desistimiento de las pretensiones nucleares de Irán beneficia a éste. Toda prórroga acercaría al regimen de Teherán al evento de obtener la bomba atómica, de donde surge que, imodificables las posturas en juego, la demora en el ataque sólo se justifica para hacer preparativos de guerra, siempre que durante éllos el enemigo no consiga arribar al potencial nuclear. Según se rumorea, es información de los pasillos de la inteligencia americana e israelí que el momento crítico en el cual Irán obtendría la bomba se encuentra aún lejano. Pudiéndose estimar un mínimo de tiempo necesario para fabricar la bomba es que una porción sería aprovechable a efectos de dirigir a Irán todas las rogatorias posibles que en definitiva logren, si no cambiar la conciencia de los ayatollas, al menos procurarle a EEUU mayor apoyo internacional y en mejor aún si incluye el visto bueno del Consejo de seguridad.
Es el actual también un momento provechoso para recomponer los lazos perdidos con Francia y Alemania, quienes con líderes diferentes a los de 2003 se presten mejor a iniciativas en conjunto con EEUU, Israel y Gran Bretaña, aunque el cambio de mando en este último arroje dudas sobre cuan decidida será su participación en intervenciones venideras de la alianza.
Con todos estos puntos en cuenta, la demora corre a favor de la legitimación de un ataque norteamericano a partir del momento en que, siempre y cuando no sea demasiado tarde, ya exista consenso internacional de que la posesión de tecnología nuclear por parte de Irán es un riesgo intolerable.
La maquinaria de guerra norteamericana e israelí de seguro tienen capacidad de ejecutar los planes en cualquier momento. Los más activos de aquí hasta que sea inviable aguardar más tiempo son, en cambio, los diplomáticos y formadores de opinión de todo tipo.
El tiempo corre para todos: unos lo utilizarán para desarrollar tecnología nuclear y desacreditar el temor que motiva, y otros para insistir lo suficiente como para que la idea de atacar militarmente a Irán deje de ser vista como una "calentura" neoconservadora impregnada del mismo espíritu con el cual se llevó a cabo el proyecto de Iraq. La mejora de la situación allí aporte, quizás, credibilidad a las tan desprestigaidas soluciones militares. Una política discursiva exitosa reconocerá los errores de Iraq, recogerá los aciertos, y sobre todo creará conciencia de que una confrontación con Irán no necesita, a diferencia de Iraq, reproducir su escala, y por sobre todo, no sería una de esas guerras que se "eligen". Por el contrario, sería producto de una necesidad verdaderamente inevitable, a diferencia de la vaga necesidad a la que siempre se ha echado mano en tantos conflictos innecesarios durante la larga historia de las conflagraciones.
Si por la vía que fuera se llegara a resolver todo este conflicto provocado a raíz de las aspiraciones nucleares de Irán, seguirá existiendo consternación por la continuidad de las causas que lo hicieron en primer término un país desprovisto de credibilidad, las de un país permanentemente atado a la sospecha de estar involucrado hacia afuera en actividades terroristas, y hacia adentro en violaciones pertinaces de derechos humanos, ambos temas sensibles en la agenda internacional. Para ello un amigo occidentalista tiene una idea: en el corto plazo responder militarmente con cualquier medio a toda amenaza que socave la seguridad de Occidente. En el largo plazo es donde entra a jugar la parte más original. EEUU tendría que bombardear a Irán y países por el estilo -dice- con productos comerciales. Es el ingreso a los hábitos de consumo, innato en toda persona, lo que alejará a estas sociedades de sus más obsoletas costumbres. Suguiendo con la idea (más metafórica que operacional), sobre tierras persas EEUU tendría que arrojar DVDs, pornografía, Coca cola, hamburguesas, computadoras, todo lo cual limará las vetustas jerarquías tradicionales que impiden realizar a las personas de carne y hueso su voluntad de consumo. Ver sino el colapso de la URSS y las reformas estructurales de países estatistas durante gran parte del siglo XX. En este sentido es que muchos han depositado la esperanza en el auge de internet (por citar a alguien, Mackinlay's, quien denomina "conectividad" al fenómeno en expansión). Se ha comprobado cómo, preocupados, los gobiernos de China e Irán dedican esfuerzos desesperados por cerrar el paso a internet haciendo uso de la más indisimulada censura. Saben que la circulación de ideas y productos -por más frívolos que sean- en última instancia desplazará a sus idolos, derruirá las rígidas estructuras burocráticas y jerárquicas, y terminará por provocar revolucionarias transferencias de poder y riqueza. Se lo ve en el horizonte.
martes, julio 24, 2007
Sin perder la capacidad de indignarse
Esta vez no pude tomármelo en broma como al insuperablemente ridículo Farfur, ratoncito este que detrás de un discurso de odio despertaba cierta ternura, tanto como para hacer de su muerte en manos de un agente sionista un acontecimiento infausto -aunque en extremo gracioso-. Tal vez más preocupado por el copyright de Mickey que por la condenable apología del martirio hacia los chicos, Farfur volvió como la abeja Nahool. Lo intento, pero sigo sin poder tomármelo en serio.
Como decía, el video de Cuba, posiblemente de 1999, me dejó esa fea impresión tras ver lo que ya se sabe o sospecha que sucede. No provoca lo mismo un video sobre testimonios de cartoneros cubanos -adultos-, ejerciendo la ocupación más vieja del mundo. Cartoneros hay hasta en el paraíso, sea éste socialista o no.
Por cierto nadie puede pensar, no importa cuan idiotizado se encuentre con el Che, que Cuba es un paraíso. Solo se admitiría una afirmación por el estilo cuando se trate de un folleto turístico fomentando la visita a la maravillosa naturaleza provista a la Isla. El resto es propaganda; propaganda inculcada a los chicos, que patentizada en el video evoca a las juventudes hitlerianas. Todo con una férrea disciplina militar.
Traído por Fernando, el otro video que no nos ahorra pasmo permite ver una ejecución por ahorcamiento en Irán. ¿Cómo juzgar esta práctica barbárica desde otra cultura? No lo se, pero la sensación que genera es francamente desagradable. Al margen del debate sobre la pena de muerte, que no se encuentra agotado en EEUU, incluso habiendo sido aquella pena utilizada ampliamente incluso en los países "civilizados", tomar vista del supuesto ajusticiamiento es un espectáculo pletórico en horror. A diferencia del ahorcamiento tradicional, no hay cadalso: los condenados -por ofensas fuera de tono con las prescripciones del Corán y la Razon de estado- son atados por el cuello al gancho de una grua y levantados hasta que la asfixia termina su trabajo.
No hay mucho, pero en wikipedia se dan algunas estadísticas a partir de las cuales se pudo confeccionar un deshonroso ranking de ejecuciones:
Hablando de chicos, Irán está entre los pocos países que aún hoy oficialmente reconoce ejecutar menores de 18 años. La lista de países con ejecuciones de menores en los últimos años es algo más extensa e incluye a EEUU.Most Executions carried out in 2006
- 1. China (at least 1,010 but sources suggest the real tally is between 7,500 and 8,000)[citation needed]
- 2. Iran (177)
- 3. Pakistan (82)
- 4. Iraq (at least 65)
- 5. Sudan (at least 65)
- 6. United States (53)
viernes, febrero 09, 2007
El que juega con radiación...
Hoy hizo su primer envío el famoso politólogo Anthony Giddens, o Lord, como dice su firma, al que no le voy a rendir pleitesía (el único lord con vida que admiro es Lord Khyron). En este artículo me descepcionó Giddens: repasando la situación mundial y EEUU, el autor de la tercera vía apenas pudo apestillar a Bush por la creciente desigualdad y alarmar sobre el cambio climático.
Para Giddens, el "debilitamiento de EEUU" lo obligará a abandonar el unilateralismo para empezar a cooperar con los demás países. En fin, no hay ningún párrafo de su artículo que merezca ser citado.
El otro artículo vinculado a temas internacionales y específicamente a Irán, es mucho mejor y provienie de un ignoto profesor de San Andrés que nos servirá para ampliar lo hablado en los últimos días sobre el el tan -ya es una muletilla- enigmático enigma de Irán.
Según acreditan los científicos que lo mantienen, en el doomsday clock, que mide el peligro de una guerra nuclear, estamos pasando por una mala hora. A la shakespeariana pregunta sobre si Irán o no Irán (a bombardear, esa es la cuestión), Tokatlian arrima una pronóstico por el lado afirmativo:
En lo inmediato, el tema que puede conducir al escenario catastrófico es Irán. Las señales, los movimientos, las provocaciones, las filtraciones y los dispositivos insinúan un eventual ataque contra ese país por parte de Estados Unidos y/o de Israel, en algún momento del primer cuatrimestre de este año. Los neoconservadores más tozudos y reaccionarios, dentro y fuera de la administración del presidente Bush, no se sienten derrotados –a pesar del fiasco político-militar en Irak y del descalabro legislativo-electoral interno– y aspiran a castigar con severidad a Teherán, como parte de la “guerra contra el terrorismo”. La derecha en Tel Aviv considera que Irán representa una “amenaza existencial” para Israel y que es imprescindible una acción preventiva contra las instalaciones donde se desarrolla la capacidad nuclear iraní. Las temibles e injustificables posturas, pronunciamientos y políticas del presidente Mahmud Ahmadinejad contra la existencia del Estado de Israel alimentan, sin duda, un ambiente belicoso en la zona.Nuestro analista no parece ser capaz de diferenciar las señales propias de esta tan peculiar comunicación que tienen EEUU e Israel con Irán, de la guerra misma, a la cual da, (y es tentador hacerlo) por descontada. Las señales son todas de guerra, es indudable desde el punto de vista militar (ver este excelente artículo de Eric Margoris). Sin embargo, vuelvo a recordar que no es la militar no es la única perspectiva. No se le escapa al articulista la naturaleza conflictiva que implica en la región la "irrupción de un nuevo poder regional" como Irán, y las dos alternativas de EEUU para lidiar con ella. Puede usar a Irán como un elemento que equilibre el poder en medio oriente (no sería la primera vez que Irán sirve al propósito), región en la que Israel dejaría de ser la única potencia nuclear, o puede atacar al programa iraní, para dejar intactas las relaciones de poder vigentes hasta hace unos años.
Cualquiera de las opciones conlleva un riesgo para ambos. Al término de esta puja, Irán puede quedar con el poder para disuadir el ataque de cualquier enemigo, o puede quedar...borrado del mapa. Como dicen los norteamericanos, careful what you wish for -you might regret it-. O, retrucándola, vale crear una frase a partir de otra más sabia y antigua: "el que juega con radiación, se contamina."
miércoles, febrero 07, 2007
Siguiendo el enigma de Irán
-¿Por qué cree que si 2006 fue un año de violencia, desestabilización y terrorismo en Medio Oriente, 2007 puede ser peor?
-El conflicto palestino-israelí alcanzó nuevas cotas de violencia, al borde una tercera intifada; Gaza arde y los enfrentamientos palestinos pueden desembocar en una guerra civil. El triunfo de Hamas desató un tsunami. El Líbano acaba de padecer una guerra que no era la suya y cuyas consecuencias aún están en gestación. En Israel muchos piensan que la guerra en el Líbano fue un fiasco, salvo para alejar a Hezbollah de sus fronteras. Y Hezbollah quiere derrocar al gobierno de Fouad Siniora. Siria, envalentonada, sigue sirviendo de santuario a organizaciones terroristas y por su territorio afluyen a Irak los elementos terroristas que contribuyen a desestabilizarlo. La guerra de Irak ha sido costosa políticamente para Estados Unidos y profundizó el encono del mundo árabe contra su política. En Irak hay caos...
-¿Qué pasaría si Irak se fragmentara, si se separara Kurdistán?
-Afectaría mucho a Turquía, porque hay kurdos de uno y otro lado de la frontera.
-¿Qué papel juega Irán?
-El régimen teocrático de Teherán continúa con su carrera armamentista nuclear y con su proyecto de hegemonía regional, sin que la comunidad internacional logre detenerlo. Pocos dudan de que ese programa nuclear persigue objetivos militares. La ambición nuclear de Irán podría crear una reacción en cadena, con Egipto, Arabia Saudita y Turquía buscando mantener el balance mediante la adquisición de armas nucleares.
-¿Israel tiene la bomba atómica o no la tiene?
-Si lo supiera, no se lo diría.
Su análisis es perspicaz, y aunque no coincide del todo con el que yo hice, muestra cierta concordancia y sirve de complemento al enigma de Irán. Por ser una voz autorizada al tratarse de un funcionario público y además diplomático, deja entrever la estrategia israelí ayer descripta. La misma consiste en dar como seguro lo que es dudoso y afirmar como dudoso lo que es seguro. La posición -que es la oficial de Israel- se ve en la negritas de la cita: juega con las contradicciones propias de las reglas de la actual disputa con Irán. El programa nuclear iraní (secreto y de otro país) es militar, mientras que acerca del propio (que también es "secreto", pero a voces) no se sabe.
martes, febrero 06, 2007
El enigma de Irán
Ni la guerra preventiva ni el holocausto nuclear son inevitables si Irán, Estados Unidos e Israel comprenden la lógica del tira y afloje.
Para entender el enigma de Irán hay que apartarse de la mirada tradicional, portadora de tal simplicidad que pierde valor analítico. No se llegará a mucho planteando la contienda como una serie de amenazas en que la desobediencia de aquella dirigida a Irán acarreará por parte de EEUU y/o Israel un ataque preventivo. La ausencia o retraso de dicho ataque, y la continuación de los planes iraníes vendría a significar el inexorable holocausto nuclear. Semejante esquema da por presupuestas, como si ya estuviesen predeterminadas, acciones que al momento de analizarse revelan la complejidad del asunto, condicionado por la multiplicidad de variables en el orden militar, diplomático y político. Si los términos fueran los barajados, sólo quedaría por responder una pregunta: ¿Cuándo?. Es decir, ¿Cuándo desactivará Irán su programa nuclear? O en su defecto, ¿Cuándo se dará el ataque de EEUU y/o Israel?. Adentrarse en cómo será el ataque (si quirúrgico o si por tierra, mar y aire, etc.) sirve poco si todavía consideramos vigentes, como parecen estarlo -y el retraso en el ataque configuraría prueba de ello-, otros elementos de persuasión.
Cuesta pensar que sean las maniobras diplomáticas las que puedan evitar la guerra, cuando no existe diálogo directo entre los norteamericanos e israelíes y los iraníes, sin relaciones oficiales (e Israel ni si quiera es reconocido como estado). La ausencia de diplomáticos no invalida del todo la comunicación, puesto que las señales siguen llegando, principalmente en forma de provocaciones, desafíos y amenazas mutuas.
Con un tenso ejercicio de tira y afloje, los involucrados se prueban para corroborar la incidencia de su propia provocación en la conducta del otro. El manejo es muy similar al que había entre superpotencias durante la Guerra fría, con una salvedad: era inviable otra aproximación, pues una guerra directa podía derivar en holocausto nuclear.
Aquí la puja es para que Irán no alcance esa capacidad, y una acción militar a tiempo suena como viable si no trae consigo las mismas consecuencias que hubieran correspondido a un enfrentamiento directo con la URSS. Sin embargo, si Irán ya goza de un arsenal nuclear, el costo de atacarlo sería enorme, y mucho mayor si otra potencia nuclear (China o Rusia) lo protege, aunque hoy parece dudoso que la causa de la soberanía iraní merezca semejante sacrificio, más allá de la estrecha cooperación técnico-militar y lazos comerciales que unen a los gigantes asiáticos con la república islámica.
Las declaraciones altisonantes de Ahmadineyad sobre nuevas demarcaciones de mapas causaron preocupación en la comunidad internacional, y la consternación provocada es justificada de suponerse que los temerarias insinuaciones sean sinceras y denuncien su verdadera intención respecto a Israel.
El temor hace que no todos los dichos del presidente iraní puedan tomarse con la misma seriedad. Cuando proclama la intención pacífica de su programa nuclear, en concordancia con la pertenencia de Irán al tratado de no proliferación nuclear, es visto cuando menos con sospecha. Cuando alardea en una muestra de retórica antinorteamericana, de pronto es creíble. Hay que tomar ambas manifestaciones como lo que son, ardides, y no como confesiones sinceras o mentiras descaradas.
Al pretender darle uso civil a la energía nuclear, no necesariamente hay que tomarlo como una mentira, ya que en un futuro con cada vez más crisis energéticas fruto de una mayor población y consumo, diversificar la producción energética y desarrollar otras fuentes, incluyendo la atómica, descontando el costo político –enorme- no luce disparatado. Tampoco ha de creerse que la relativa autosuficiencia iraní de petróleo y gas es óbice para exportar o almacenar sus excedentes, a no ser que sufra un embargo o un ataque militar de gran magnitud y quede comercialmente aislado. La preocupación radica en que se vuelque al desarrollo de armas atómicas e ingrese al club nuclear. Y aunque ha manifestado que no enriquecerá el uranio con ese fin, no puede descartarse que lo haga de todos modos si siente que su país será atacado. La situación es tan delicada que ambas partes están persiguiendo sus intereses sin cruzar la delgada línea pasada la cual se daría a entender que las decisiones ya están tomadas y la única salida será la guerra. Si Irán cree que será atacado sin más, el acorralamiento lo llevará a contrarrestar desesperadamente acelerando o iniciando la investigación, desarrollo y fabricación de armamento nuclear.
Las provocaciones de Ahmadineyad contra Israel forman parte de un discurso antiamericano que ataca verbal y sentimentalmente al principal aliado en la región, y lo probable es que sólo se trate de retórica para ganarse la simpatía de los árabes musulmanes, de una manera que aprovecha y ahonda la tradicional rivalidad semítica. Este recurso de fraccionamiento ha sido ampliamente explotado durante la historia, lo que motiva la sospecha de ser iraní la cizaña detrás de Hezbolah y Hamas y sus ataques contra Israel.
La demagogia de la política iraní, semejante en sonoridad a la de Chávez, encuentra frutos a recoger en la atención captada por la opinión pública internacional y el resentimiento y postergación que sienten los musulmanes, que ha llevado a decir, por ejemplo, al Sheik Moceen Alí que Irán es el orgullo de Islam.
El discurso no es muy elaborado: consiste en romper el cerrojo del club nuclear para ingresar sin invitación y en lo que resta, reeditar la vieja concepción de que el sionismo es el causante de todos los males en la región. La proximidad entre los postulados antisionistas y el antisemitismo clásico hace suponer que Ahmadineyad querrá continuar la solución final de Hitler, pero la variada composición demográfica iraní reconoce matices. Irán cuenta con una comunidad judía de 30.000 personas, la más grande en medio oriente luego de Israel. La mayoría se concentra en Teherán (donde Ahmadineyad fue alcalde) y en general, fuera de cierta discriminación legal –condenable-, no han sido molestados en demasía, mucho menos aniquilados. Ni Israel ni la comunidad internacional toleraría un nuevo Holocausto, pero quizás tampoco los mismos iraníes ni lo los clérigos más duros, sabiendo que no figura en su ideario y en la inteligencia de que no lo han tratado de acometer ni solapadamente. Los casos en que los judíos persas sufren persecución se relacionan con aquellos acusados de colaborar con el sionismo, lo cual retorna a la lógica del estado en pie de guerra y se retro-alimenta en un discurso combativo.
A pesar del orgullo que le puede reputar a los fieles musulmanes la provocativa política iraní y su recurrente diatriba antiimperialista y antisionista, no deja de ser un dato de la realidad el que Irán sufriría un daño peor al que tuvo en la guerra sostenida contra Iraq si fuera a enfrentarse con Israel y Estados Unidos, y la implementación de arsenal nuclear en la contienda podría llevar a su propia desaparición.
Además, en el frente interno la oposición crece y la abierta política de provocación y confrontación apoyada en la carta nuclear pierde partidarios, con cada vez más disidentes, incluso en el clero gobernante, en un régimen político por cuya naturaleza se puede remover fácilmente al presidente.
De existir la convicción de que será atacado por Irán, a Israel no le queda otra opción de hacer lo propio de manera preventiva. Sin embargo, a dicho nivel de convicción todavía no se ha arribado, dado que Israel, en combinación con EEUU, está participando del mismo juego (en cuanto a las reglas, no por que esto tenga nada de divertido) de tira y afloje. La estrategia consiste en dejar en claro que no se tolerará bajo ninguna circunstancia que Irán posea armamento nuclear (interés comprensible), pero sin llegar a hacer obvio, evidente ni inevitable un ataque preventivo más allá de la decisión que tomen en Irán respecto al programa nuclear. Pasar, por insinuación, un mensaje así de ambivalente es difícil y que se entienda lo es más aún, pero es lo más próximo a lo que puede llegar para permitir una coexistencia de ambos intereses, por lo que el intento no es vano. Los caricaturistas neoconservadores Cox&Forkum, quizás sin saberlo, han ilustrado la lógica de este tipo de disputa de manera ejemplar. El mensaje es algo así como: “desistan con su plan, porque tarde o temprano atacaremos, pero no es seguro”. El último elemento de la amenaza en principio firme (no es seguro), es la válvula de escape por la cual Irán no queda del todo acorralado contra las cuerdas en la situación dada cuando sólo puede optar entre desistir su programa o ser atacado, y la primera no lo resguarda de ocurrir lo segundo. A veces una solución que no conforma a nadie es lo más parecido a una solución que conforme a todos. Un programa nuclear con fines pacíficos que permita la inspección internacional no da mucha seguridad, pero sale, como válvula de escape que es, del actual estado de precariedad donde se ven más amenazas que intenciones. La displicencia iraní en las inspecciones en el marco de la IAEA evidencia que Irán tiene fuertes intereses en mantener en secreto su desarrollo nuclear; la intransigencia en este punto no es algo que ayude al acercamiento.
La dificultad para encontrar una salida es en parte producto de los reiterados desencuentros que en los últimos tiempos ha vivido la región. Irán se encuentra entre Iraq y Afganistán, dos países que han sido invadidos como parte de la guerra contra el terrorismo. Otros países colindantes, Turquía y Pakistán, -este último con poderío nuclear- son aliados de moderado compromiso con EEUU. Si a las potenciales bases se agrega el precedente del derrocamiento de Saddam Hussein con la invasión a Iraq motivada por su presunto programa de armas de destrucción masiva (armas de destrucción masiva –gas- que Hussein sí utilizó contra Irán con la complacencia del gobierno de Reagan), el temor que sienten los iraníes por la creciente influencia norteamericana en la región es fundado.
El desatino de Iraq también ha desprestigiado a la Mossad, que apostaba a la existencia y utilización de armas de destrucción de Hussein contra Israel, en un ataque que nunca llegaría, quedando la opinión pública israelí absorta por la falla del servicio de inteligencia más profesional del mundo. Más recientemente, la espinosa campaña contra Hezbollah caracterizada por la falta de resultados, ha logrado mermar la confianza en la IDF (y en particular la IAF), la dirigencia política y la comandancia militar. Una incursión aérea israelí, tan solicitada en círculos neoconservadores, dirigida a destruir el programa nuclear iraní, no estaría libre de riesgos ni costos. Los objetivos están lejos, dispersos, enterrados y bien protegidos y podrían costar numerosos aviones y pilotos, siempre necesarios en una contienda mayor nacida de las tantas hipótesis de conflicto de Israel, aumentada además la probabilidad de que afluyan como represalia por parte de Siria y Hezbolah. Si el ataque lo protagoniza EEUU, la acción israelí puede resultar superflua y atraer el conflicto hacia su territorio, pero también le aportaría legitimidad de modo que EEUU no quedaría solo en la empresa.
Es dable la perspectiva en que, como en la guerra del golfo Pérsico, los aliados musulmanes de EEUU se nieguen a participar en una contienda que circunstancialmente los coligue con Israel. Será tarea de los norteamericanos lidiar con este celo, porque en una guerra extendida la participación de los países limítrofes puede resultar muy útil.
Irán se dirige hacia una posición de cada vez mayor aislamiento, con el programa nuclear como causa y pretendida salida a la vez. Hasta ahora sólo ha cosechado la solidaridad de los 118 países no alineados expresada en la reciente declaración de La Habana en apoyo a la soberanía iraní en el uso pacífico de energía. La diplomacia de Teherán no ha logrado hasta ahora el mismo convencimiento en los países de Europa.
La crisis está resultando de gran costo político tanto para EEUU e Israel como Irán. Los ayatolahs han agotado casi todo su capital político (capacidad de tomar decisiones soberanas, con un costo) en demagogia islamista y han llegado demasiado tarde como para desarrollar un programa nuclear suficientemente discreto e inspirador de confianza sobre sus fines, en un contexto de Guerra contra el terrorismo en que las naciones desarrolladas se encuentran notoriamente sensibilizadas frente a los arrebatos islámicos.
Israel desde su creación ha estado ocupado con el problema árabe, una historia y presente con altibajos, ya que se ha pacificado con Egipto y Jordania, pero queda irresuelto el asunto palestino, y la inestabilidad de sus vecinos al norte es materia de permanente preocupación. Ha tenido que asumir recientemente el peligro representado por el liderazgo de un Irán que envalentona al fraccionado mundo islámico en torno a Israel. El formidable pero pequeño ejército israelí no está para ser arriesgado en cualquier jugada como no sea una en que esté realmente en juego la seguridad de su estado. Arribar a ese diagnóstico será tarea conjunta de las hábiles diplomacia e inteligencia israelíes, quedando la acción militar –con o sin EEUU- como medida de última ratio.
Estados Unidos se ha enfrascado en una guerra que ya no le reporta beneficios, con resta de credibilidad y aliados. La ausencia de resultados, creciente número de bajas y la flaqueza discursiva ha generado oposición en el plano nacional e internacional, de resultas a lo cual quedó minada la base de poder de Bush, quien sólo con suma dificultad puede mantener el esfuerzo de guerra en Iraq y Afganistán, a verse perjudicados por la apertura de un frente más. Con el poco capital restante puede intentar este ataque militar a Irán –nadie lo ha descartado-, o puede tratar de maniobrar en los términos que aquí se han descripto.
Los tres países, temerosos y a la vez desafiantes, y aislados en el caso de Irán, o golpeados en el de EEUU, o dubitativos en el caso de Israel, deberán, en una combinación que maximice sus restos de influencia política, diplomática y militar, seguir maniobrando hasta arribar a una salida compatible con los respectivos intereses.
