¿A partir de hoy vamos derecho al piquete? No, eso ya venía de antes. No hace falta que vayamos: ya está. Y como
comenté, iba a seguir estando aun cuando el arbitraje de la Haya le fuera desfavorable. Lo que trascendió hoy fue el reconocimiento internacional del derecho al piquete. Aunque los piquteros desde el inicio de su modalidad siempre se quejen de que los reprimen, en rigor nunca se les ha negado en el plano interno la posibilidad de cortar rutas y calles. No es que nos debamos extrañar que algo así suceda en Argentina, donde siempre se ha puesto en tela de juicio no sólo la práctica sino que la noción misma del derecho. Los piqueteros existen porque están insertos en una sociedad con políticos y jueces que los avalan. Si los actos de los piqueteros tienen un vaho de legalidad es porque son condignos con la genuflexión de los políticos, que a la hora de adoptar criterios sensatos en torno al respeto de la ley han perdido el rumbo. A su vez, como
destacaba Alberto Medina Mendez la inmovilidad de los jueces importa un piquete mismo.
Como los políticos han perdido el criterio y los jueces no asumen el peso que les toca, es el planteo por el conflicto con Uruguay el que iba a permitir a los componedores de La haya expedirse sobre el tema como oportunidad de retornar a la sensatez, sin tener que luchar internamente con la desviación, la realidad paralela, que acusan los funcionarios argentinos.
El mentado retorno a la sensatez no sucedió, y al rechazar la medida cautelar pedida por Uruguay, la CIJ expresó el primer pronunciamiento internacional favorable a los piquetes. Hasta ahora los piquetes eran sólo un delirio argentino, con secuelas negativas hacia Uruguay. Ahora podemos confortarnos de que el delirio ya no es sólo argentino, o alternativamente, que no se trata de un delirio. Según la Corte tampoco existirían secuelas negativas, motivo por el cual rechazó el pedido. Recordemos que en general las medidas cautelares tienen dos requisitos: verosimilitud en el derecho (apariencia de que el derecho que efectivamente exista) y peligro en la demora. Fuera de duda la existencia del derecho que asiste a Uruguay de tener libre su comunicación con Argentina, el segundo requisito es el que vino a faltar cuando se denegó la medida por no provocar los piquetes un "perjuicio irreparable". Los cortes se han prolongado tanto que ya no se los ve como una medida contraria a derecho sino como una vía de hecho apoyada en la defensa de en un derecho en discusión. La inexistencia de un peligro no quita realizar un ulterior pronunciamiento sobre los cortes al decidirse el fondo de a cuestión, pero de momento la Corte prefiere dejar las cosas como están, evadiendo el riesgo de favorecer al que al final pueda resultar perdedor. El razonamiento parecería ser el siguiente: "Si aguantaron meses con cortes, que aguanten un poco más". Evitar poner una cortapisa al piquete sólo porque ya ha sido utilizado extensivamente y el peligro ha dejado de serlo para convertirse en daño, no siempre del todo mensurable, es prácticamente consagrar al piquete como derecho.
Si hubiera decidido a favor de la medida cautelar, la Corte habría tenido algunos problemas para instrumentarla. En principio, no podía escapar a su conocimiento la intención de los asambleístas de negar la jurisdicción, en razón de que la única autoridad a la que responden es la que emana de su propia asamblea. Si vencer la contumacia del perjudicado por la medida es difícil, más enrevesada es la tarea de exigir que la ejecute aquél sin interés alguno en hacerlo por el enorme costo político interno que representa.
Un gobierno que en el plano interno se ha abstenido de tomar cartas en el asunto no es sencillo de ver como el órgano propicio al cual mandar a cumplir una resolución que de antemano es desconocida por el cuerpo asambleario de Gualeguaychú. Es un problema del que adolece el derecho internacional: la falta de ejecutoriedad puede tornar irrisorios los derechos. No creo que previo imponer alguna sanción, la ONU desplegaría una fuerza para despejar el puente, aunque debería, pero mejor ahorrarse el escándalo, denegar la medida cautelar, avalar todo lo actuado por las partes, y esperar el fallo. En La Haya no piensan tan distinto que acá; no hacer ola, lavarse las manos, no interferir, declararse incompetentes, son todas frases que se escucharon en medios y en la calle con alcance de considerandos. La calle opina como la La Haya o la Haya como la calle. Hoy los piqueteros por primera vez se sintieron verdaderemente atendidos en su derecho al piquete. Queda por ver si la soberanía de Uruguay para realizar este emprendimiento es tal.