martes, abril 19, 2005

Benedicto XVI

La mayoría de las hipótesis (o más bien hipóstasis para algunos) que circulaban estos dias eran barajadas en función de 3 variables:
-Nacionalidad; si iba a ser latinoamericano (brasilero, haitiano), mediterráneo (español, italiano) africano (sobretodo subsahariano), centroeuropeo (aleman, belga) y así hasta agotar todas las posibilidades.
-Edad; si iba a ser joven (alrededor de 60) medio (70) o viejo (80), lo que condiciona el tiempo de reinado.
-Tendencia doctrinaria; si iba a ser progresista o conservador, aunque se han acuñado términos parecidos como liberal, reformista, ortodoxo, tradicional, continuador, derecha, izquierda, de transición, social, etc.

Prima facie, sin conocer en profundidad a Razinger, diría que 1) Es de La Academia (chiste malo) y
2) Al ensamblar el modelo nos queda un papa alemán, ortodoxo y viejo. La nacionalidad no la puede cambiar, y aunque por sí sola pueda no significar nada, en el plano estratégico se puede conjeturar que muestra en la Iglesia una proyección hacia la vieja Europa. Quizás venga motivada a ganar o recuperar terreno en países donde el laicismo o la diversidad equilibrada de religiones tienen primacía. Esta es una puja que en los últimos siglos la Iglesia indudablemente perdió, y hoy el desafío se redobla por la creciente desafección de las creencias que que no provengan de la mentira progresista. De todos modos la despedida de Juan Pablo II mostró que la mayoría de la gente está lejos de considerarse apática respecto al devenir de la Fe en general y la Iglesia católica en particular. Así como muchos no descartan las creencias religiosas de las que se hacen depositarios, el proceso de secularización operado durante tanto timpo no va a retroceder por nada que haga el Papa. Partiendo de esta postura pragmática, se puede esbozar que un Papa conservador atisbará a no perder más creyentes en los próximos años, y en el plazo idear alguna reformulación estructural, modernización si cabe. Dicho en términos de la calle, tiran la pelota para adelante.
La ortodoxia eclesiástica en parte ha sido la clave de su longevidad. Al mirar con desconfianza los cambios que se procesaban, en ocasiones permitió su maduración. En tiempos de aceleración como los actuales, vale preguntarse si cierta intransigencia se acomoda a la realidad. Hoy que se debaten profundos planteos morales, la Iglesia ha de hacer su aporte desde el punto de vista, -inmutable y universal- del sustento del derecho natural. No debería negarse su existencia aun en esta sociedad cybernético-progresista. Tampoco podemos permitirnos colisionar con todos los avances que la sociedad moderna, libre, científica e industrial nos otorgó.
La elección papal, a priori, parece una apuesta sin poner mucho en juego. Eso no quita que si Benedicto XVI es un hombre ajustado a la realidad, pueda adelantar la necesaria adecuación.

1 comentario:

Isidro Beccar Varela dijo...

Buen análisis. Coincido que los Cardenales decidieron "plantar bandera" en Europa. Me parece muy bueno, por que la máquina de la MSM (al menos aquí en USA) estaba generando la imagen de que la religión en general y la Iglesia en particular están muy bien para paises del tercer mundo, pero no para los "inteligentes".