lunes, abril 02, 2007

2 de abril

Hace 25 años comenzaba la ocupación de las Malvinas ordenada por un gobierno militar que, habiendo reprimido políticamente y destruído la economía del país, se lanzó a coronar la obra con una guerra elegida por ellos. Una guerra limitada y de resultado contundente.
Todo tipo de especulaciones se tejen sobre otro resultado si la Armada argentina hubiera cerrado el paso a la Task force, o si se hubiera atacado a los portaaviones, o si se hubiera mantenido operacional la pista aérea, o si se hubiera realizado un contraataque luego de Goose green, o si se hubiera resistido más, o si se hubieran minado las aguas. Lo cierto es que fuera del primer operativo de desembarco, Argentina no ganó ninguna batalla terrestre. En el plano militar las guerras no suelen ser más que batallas concatenadas. La derrota fue el lógico desenlace de una serie de errores que se inician en la decisión misma de capturar militarmente las islas, suponiendo que los británicos no habrían de recuperarlas, o que servirían como una mejor posición desde donde negociar. Dichos presupuestos terminaron resultando erróneos; las alternativas al deselance final de no haberse cometido otros errores o de haberse hecho las cosas de otra manera, forman parte del riesgo que se asume al optar por una decisión y descartar otras concomitantes. Es "historia" contrafáctica, o dicho de otra manera, consuelo. Más allá del provecho que se hubiera podido sacar de otras acciones, lo cierto es que su curso posiblemente podría haber hecho escalar al conflicto hasta niveles que hoy nos parecerían más absurdos que el apenas localizado en las Malvinas. Allí donde digo que la sacamos "barata", no debe entenderse que la guerra estuvo libre de costos, que fue una ganga, o que los combatientes no realizaron un sacrificio por la patria. La pésima conducción y preparación para la guerra hacían desaconsejable un escalamiento que no resolviera en el fondo los distintos problemas ocurridos durante la lucha, y con el riesgo de crear otros.

Vaya el recuerdo para los que fueron enviados a luchar al Atlántico sur en 1982. A la torpeza de unos sólo se sobrepone el coraje de otros.

2 comentarios:

Alejandro dijo...

Miremos el lado positivo de la guerra. Gracias a la derrota militar, hoy tenemos democracia. Si ganabamos ¿hasta cuando hubiera seguido Galtieri?

Jorge dijo...

Te equivocas en algo Alejandro, la derrota del fracaso militar sólo aceleró los tiempos y anticipó la salida del "Proceso de Reorganización Nacional".
Aún no tenemos democracia, la tendremos si se incentiva la participación ciudadana y de esta surgen los mejores para representarnos; si deshacemos la partidocracia ruin de la cual se sirven los peores para aprovecharse de nosotros; si mejoramos la calidad institucional; si logramos la despersonalización de las instituciones; si tenemos una justicia justa e independiente, etc., etc. así podremos dejar de tener dedocracia para vivir en democracia.