martes, agosto 12, 2008

La revolución rusa


Hace poco terminé de leer La revolución rusa de Sheila Fitzpatrick (Siglo XXI editores, 2005), un corto pero muy informativo libro que da al tema del título un marco temporal diferente al acostumbrado. Al adentrarse en el estudio, la autora y reconocida sovietóloga arranca en las últimas décadas del zarismo caracterizadas por turbulencias sociales y reveses militares, analizando varias fases de un proceso revolucionario que culmina en 1934 luego del primer plan quinquenal de Stalin.
No es una cronología de los hechos ocurridos en 1917, sino más bien un análisis del panorama político, económico, social y por momentos cultural de distintas etapas o fases: la primera industrialización de finales del siglo XIX mientras persistía la penosa situación del campo y el 90% de la población, semisierva; la revolución de 1905 tras la derrota contra Japón; la entrada en la primera guerra; la revolución de febrero y octubre de 1917; la guerra civil y la aplicación del comunismo de guerra; la nueva política económica de Lenin, que implicó una relativa liberalización económica -justificada por las circunstancias como una retirada estratégica y no como destino final de la revolución-; el primer plan quinquenal de industrialización, colectivización de la agricultura y la concomitante revolución cultural; y la finalización (o traición, para quienes lo vieron como una fase termidoriana, en analogía a la revolución francesa) de la revolución con las purgas de 1937 y 1938 y el retorno a valores tradicionales una vez proclamado el fin de todo resabio burgués y kulak.
No se omiten su mención pero tampoco se abusa del relato de los crímenes del bolchevismo. Basada en datos de archivos soviéticos, se calcula que la hambruna de 1933 produjo entre 3 y 4 millones de muertos en las zonas cerealeras de Ucrania y el sur de Rusia. No hay más sobre el holodomor.
No faltó que la policía secreta, o Cheka, hiciera de las suyas: en el territorio controlado entre 1918 y la abril de 1919, realizó, según datos oficiales, 8.000 fusilamientos sin juicio y 87.000 arrestos. Sin un múltiplo que las sincere, las cifras no suenan a mucho.
Dentro del partido bolchevique hay un seguimiento permanente a la interna referida en términos de discurso y poder, con especial atención a las tendencias totalizadoras, paranóicas y burocráticas. Finalmente Lenin y Stalin prevalecieron porque hicieron la inescrupulosa y despiadada manipulación de sus compañeros de partido, no el único pero sí el más poderoso resorte de poder. Desde la cúpula dominaron al resto de la sociedad, inclusive la célula inicialmente democrática de la revolución, los soviets.
Esto por decir algunas cosas al pasar nomás; seguramente hay otras que iré recordando. Ya que hoy campea la rusofobia, a modo de conclusión transcribo la cita del diario de un oficial alemán previa a la renovada ofensiva en 1918 que siguió a la ruptura de las negociaciones de paz de Brest-Litovsk,
No hay otro camino, pues de otra forma estas bestias [los bolcheviques] aniquilarán a los ucranianos, los fineses y los baltos, luego reclutarán a la callada un nuevo ejército revolucionario y convertirán al resto de Europa en una pocilga... toda Rusia no es más que un gran montón de gusanos, una miserable masa pululante.

2 comentarios:

Iván dijo...

Lo más irónico sobre la parte final es que quizá el mayor rusofóbico de la historia, Adolf Hitler, es ahora comparado con Putín...

Y Milosevic también fue comparado, a pesar de ser eslavo, cosa que para el führer era de gran disgusto ...

Anónimo dijo...

bueno pues ...
esto no es mas que basura
ya que akien le importa lo que
paso en rusia es mas perdi mi tiempo leyendo esto encerio
la historia es un ascoooen fin me voy aver videos mejor